La proyección se promulgó en su mente y sonaba como aviones volando en sus oídos, luego se retiraban; ondas de expansiones sonoras rasgaban la poca cordura que aún tenía. Luces hicieron que las pequeñas pupilas arrebataran cada rincón de sus ojos convirtiéndolos en piedras azabaches, luego a intensos colores. Su boca empequeñecida por un amargo grito. Enflaquecido por exceso de ayuno, piel tornada azul y capa capilar en el suelo como mudar de piel. Sin cabellos ni pelos, falta de oxígeno había hecho de él, un pequeño hombrecillo.
Cuando observa al cielo éste se unía a la tierra, observaba todo el sistema solar y las distintas formas de vida en otros planetas y galaxias. Horrorizado, corrió hasta no poder pero, al llegar al mismo extremo donde había partido, comprendió que no existía manera de huir. Por unos instantes miraba el cielo para sentir la espesura del espacio e infinito recorrer por sus ojos. En ocasiones sentía una molestia en su frente y cuando pasaba sus pequeños dedos por el área adolorida, percibía que se encontraba algo grande en su frente, una pequeña bola intentaba atravesar su piel, una hinchazón horrible y dolorosa venir del centro de su frente.
Alimentándose de aire cósmico, nunca tenía hambre, ni malestar estomacal, hasta el punto de cuestionar si estaba muerto pero, la respuesta de inmediata se anunciaba telepáticamente, y le decía siempre lo mismo. “evolución” y se silenciaba. Concentrarse en una meditación le era complicado, de inmediato se dirigía a millares años luz por otras galaxias sin habitar, debía abrir de inmediato sus ojos para volver al planeta donde habitaba su cuerpo material. Sin dormir, exploraba la zona mientras de los humanos sentía sus pensamientos como suyos, cuando opinaba en luchas y conflictos, los pensamientos ajenos se silenciaban y las personas comenzaban a explorar el área, asustados, rostros serios, pistolas, coincidencias en sus cuentos. En la caverna donde se escondía, se amparó a explorar el entorno astral pero, antes, un dolor enorme atravesó su frente y el pequeño bulto reventó, llenado su rostro de sangre. Al tocar aquella hueca carne, se espantó al sentir un pequeño ojo salir de él y al abrirse, su visión observó una gran luz del cual vivir no hacía falta, tampoco morir.
Observó todo, tiempo y espacio desaparecieron y el cielo se encontraba en la tierra.
Lobo lunar tomando brebaje evolutivo
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