Murió el hombre que me despertó desde el útero de mi madre, mi maestro, sucumbió quien me alerto a conocer mi espíritu y preguntar por Dios y el universo.
Falleció Facundo, quien me enseño a ser humano y no ciudadano, las cosas sencillas de la vida como el camino a la felicidad; el hombre que estimuló mi alma y la puso a vagabundear, a detestar, luego amar, y por ultimo aceptar un sistema que nos pudre a todos.
Ha buscar la verdad y encontrar la mentira, perseguir estrellas en el cielo nocturno, amar a las mujeres, quererlas y respetarlas porque ellas son la tierra.
Me enseño que no todo militar es malo, solo aquel que se deja dominar por su orgullo no puede proteger a las masas. Murió el hombre que me enseño que la libertad se encuentran en mis pies y errar.
Que te puedes enamorar de la luna y ser sol en el planeta, unir el cielo con la tierra para vivir el paraíso donde Dios nos creo.
Me enseño que todos tenemos dentro un animal salvaje que debe ser dominado para que nos guie por la vida y nos proteja de esos instintos e impulsos egoístas.
Murió el hombre que hablo de hermandad mientras gobiernos lo veían como enemigo de sus intereses individualistas. Murió el caminante, el trece profeta y discípulo del maestro “por eso era maestro también, porque eran uno al final” sucumbió el sonido de la guitarra que tanto calmaba mi corazón y con sus letras alerto en mí, el escribir, y me maravillo con sus palabras tanto que utilizarlas en mi boca me hacen sentir sabio y poderoso iluminado, porque eran palabras y sonidos de todas las almas de la tierra.
Murió quien me hacia reír cuando en chiste ridiculizaba a los ya ridiculizados, como veía aun al ciudadano como un mono bello, exótico y peligroso, digno de contemplar pero no seguir. Me enseño a Rimbaud, por él conocí a Borges, Krisnamurti, a Lennon, Kant, Nietzsche, el Tao que no debe ser nombrado, el Zen que debe ser caminado, la biblia que debe ser estudiada, los textos hindú, indios, ancestrales, a Freud con sus confusiones, Buda en su meditación, Cristo con su fuego, a Dios y sus misterios, a todos lo que él admiraba y odiara. Aunque no creo que haya sentido odio alguna vez en su vida, solo tristeza que lo impuso a vagar por los continentes a buscar al Dios y la iluminación.
Me instruyo que debemos salvar al mundo, educar a la humanidad de nuevo, a la sabiduría de los mayas, incas, aztecas. Me enseño a amar a María, a rezarle a Sara, su santa personalizada, diosa terrenal.
Me educo a Amar ¿y quien hace eso con pocas palabras? Vi las nubes, fui montaña, divagar por avenidas contemplando a mis hermanos, criaturas humanas.
Por él mis pantalones están rotos, soy pobre y orgulloso de serlo.
Todo lo que soy es por vos Facundo.
Murió, mejor dicho no murió, partió, o aun mejor, Volvió Facundo Cabral al seno de Sara y de Dios.
“espero que desde allá me sigas guiando maestro, acá se siente solo con todos estos locos violentos; espero verte para darte un abrazo y decirte” –“Si facundo, ya lo sabemos, ahí, existe algo mas…y es infinito”
…y ¿ahora que hacemos?
…y ¿ahora que hago? Se murió mi maestro terrenal, su presencia me equilibraba, su muerte me da fuerzas.
Me siento orgulloso de haberte conocido Facundo.
-¿y como murió? –como los grandes, como los que hablan y no se callan cuando dicen la verdad sobre la humanidad y la vida, asesinado anarquista que nunca lo alcanzaron las balas en su juventud turbulenta, pero de anciano liberaron su alma de aquel cuerpo ya jodido, lo asesinaron con 10 tiros, cada una, cuenta cabalística para llegar a las puertas del cielo. Murió como un cristo asesinado por la confusión de un mundo violento y enfermo, tal vez los sicarios fueron romanos pagados por cúpulas de poder judeo-imperialista; no lo crucificaron, nunca pudieron agarrarlos, y judas se negó entregarlo por el amor tan grande que le tenia a su vibración armónica de mover los planetas y los corazones con coplas que llenan las almas vacías. Querían callarlo en los pueblos mayas, tal vez lo vio venir, por eso nunca detuvo su cantar y dar conciertos, aunque ya no viera al público que lo aplaudía, era un buda errante que encontró la iluminación en el amor de sus seguidores, sus discípulos cantando sus letras como evangelios modernos. Murió como él quería, y la muerte nunca lo alcanzo por enfermedad, si facundo, no falleciste por las enfermedades que te agobiaban, sino por la enfermedad mayor que el mundo se somete, violencia, ignorancia, indiferencia, injusticias, distracciones contaminando la cordura de los jóvenes y pudriendo su alma con memorias de como ser mas popular entre los estúpidos. Espero que nos ayudes desde ese lado del espejo a curar al mundo, hacerlo uno, y acompañes a Dios cuando baje de los cielos para el nuevo amanecer de la dorada era que nos prometieron. Te esperamos Facundo, desde este lado o desde el otro, como guía, maestro, salvador, compañero, amigo, hermano, como uno que somos, como uno que siempre fuimos todos en este contaminado planeta.
…y cuando Facundo Cabral murió,
la Tierra lloró,
del Cielo,
Dios se contento pues había encontrado alguien con quien conversar sobre la vida.
KAHAU LOBO LUNAR (VINCENZO PETRELLA)
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