
La danza estaba clara en la noche, los bailes se asemejan al tambor de la Tierra, los pies saltan, brincan en la noche salvaje, se contienen los animales, es la danza del Humano, tambor de rayo, conexión con el Cielo.
Su danza, macabra para los incrédulos, los ingenuos y supersticiosos, traía los vientos y chocaba el Norte con el Sur, el Este con el Oeste, uniendo la furia para hacer vibrar la Tierra aquella noche.
La Luna tocaba el Cielo con un pequeño hilo de luz, la aguja lunar doblada apuntando a los ángeles en las constelaciones mientras pasaban con rapidez los truenos, resonaba bajo el estelar cielo, no había nubes, solo truenos y estrellas.
Las auroras pintando de colores el lienzo negro cubierto de estrellas, algunas intentando escapar suicidándose en la capa protectora. El cristal a punto de quebrarse, tiembla el planeta, arde el suelo, y los pasos son más intensos mientras los elementos se mezclan creando la fuente de energía servidora de la existencia.
Mano Lunar...de las caricias del universo
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